domingo, 16 de marzo de 2014

Velociraptores de asientos


Recuerdo que cuando era niño nos enseñaban que en el ómnibus debíamos ceder el asiento a las personas mayores, a quienes subían con niños en brazos, a los discapacitados, etc.

Con mis compañeros de escuela nos sentábamos en los asientos de adelante para ser los primeros en darlo en el caso que correspondiera. La gente era muy agradecida y estos gestos eran valorados y reconocidos.

A medida que fui creciendo me iba hacia el fondo del coche, generalmente viajaba parado y cada vez que se desocupaba un asiento, antes de ocuparlo echaba un vistazo a mi alrededor por si alguna otra persona tenía mayor necesidad que yo.

Esta costumbre también era común en los pasajeros y no faltaba ese debate de gentilezas “no gracias, sientese ud.”, “yo ya me bajo”, “Sra. se quiere sentar?”,  etc. etc. donde el asiento quedaba sin ocupar por un tiempo. Generalmente yo dejaba pasar un rato y si nadie se sentaba recién allí lo hacía.

Pasó el tiempo, los coches ganaron varios metros de longitud y muchos asientos más pero se perdió la costumbre y el respeto hacia el semejante. Así veo en la actualidad que suben personas embarazadas o con bebés y nadie les cede el asiento. A los discapacitados se les asigna un espacio en los primeros asientos de la fila doble y el chofer en más de una ocasión tuvo que obligar a quién lo ocupaba a cederlo.

Junto a esta desaprensión y poco interés en el prójimo surgió un nuevo personaje de a bordo “el velociraptor de asiento”. Es una curiosa forma de pasejero/a que ni bien ve un asiento libre corre a ocuparlo llevándose por delante todo lo que hay a su paso.

Muchos pasajeros viajan con las canillas y tobillos golpeados por estos “especimenes” que cuentan además con una agudeza visual impresionante. Son capaces de ver el asiento libre cuando aún no se ha levantado quién lo ocupa, dejando atónitos a quienes viajan parados en torno a la butaca.

Días atrás estaba ubicado en la parte trasera de un ómnibus de piso bajo. Por detrás de mí se desocupa un lugar en un asiento doble. Cuando se levanta la persona que allí estaba, la dejo pasar y cuando giro para tomar posesión del mismo, un “velociraptor” que estaba sentado en uno de los asientos que mirán hacia atrás en el sector delantero de la unidad, se levantó, corrió y lo ocupó antes que yo!!!

Es que muchos van entrenando cambiando permanentemente de lugar, pero creo que este batió todos los records de velocidad.


Abogo desde este espacio por volver a la vieja costumbre de ceder el asiento, la cortesía, el respeto y todo aquello que tan bien nos hacía sentir


Adrián Yodice